Historias

martes 26 de abril de 2011

Ladra Matilde

Matilde lleva dos meses rabiando de dolor. Está en una fase terminal. Su perro a veces le ladra. Ella ladra también de dolor. Oye cada mañana otros ladridos de perros. A veces llega a sentir mordiscos en los pies. Pero no es su perro, es un mal sueño que le hace mover los pies como esquivando los mordiscos.


En la pared de su cuarto hay un cuadro de un hombre que la mira a los ojos. La imagen es de un hombre a caballo que la mira vigilándola. Hay días que se despierta sobresaltada, sudando frío. Ha buscado varias veces rastros de heridas en los pies. No hay signos. Hay días que su perro le ladra porque ella amanece hinchada y cambiada. Su perro últimamente no la reconoce. Hoy le ladró por unos minutos. Ladró hasta su reconocimiento. Su perro la ha dejado de lado. La ve extraña. Ya ni siquiera le ladra, no la determina, no le pide caricias. El perro parece estar enfermo, lo notó su vecina cuando le trajo la libra de concentrado. Ahora, Matilde está cada vez más débil. Su perro se debilita al paso de su enfermedad. Ella también se horroriza de la metamorfosis de su perro. El horror se trasforma en claridad. El perro se ausenta de ella. Existe, pero su claridad es lo que la aterroriza. Aunque sepa que el horror está dentro de su cuerpo. El horror es ella delante de su perro. El horror es él que me ve muerta.


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