El muerto encerado rumea en la visita de velorio,
rumea entre los llantos alegres.
Su saliva embadurna ese rostro brillante,
amalgama su cara trajinada, el satín curtido.
Filas de ojos curiosos encaran al muerto con asco.
Ramos arrumados como bultos al muerto.
Todos elutados, entaconados, disfrazados
todos pie del difunto con su música de llanto.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada